Posteado por: pantera | febrero 7, 2014

LA ZONA DEL SILENCIO ENMUDECIDA.

TERCERA PARTE.
Texto: Walter Bishop Velarde. Fotografías: Walter Bishop Velarde.

Por una llamada telefónica me invitaron a acompañar a unas investigadoras francesas a la Zona del Silencio, (clarificando), no exactamente a la Reserva de la Biósfera de Mapimí, ya que aun cuando habitan las dos en un mismo plano, hay una gran diferencia entre los nopales, cardenches y ocotillos espinosos, al manto acogedor de su leyenda. No lo vayan a interpretar mal, ya que nos apasiona tanto la intensidad de la naturaleza como lo arcano del mito, mismos que tienen amplia cabida en el extenso horizonte del atardecer, colorido amanecer o asomo de la luna en esta región del Desierto Chihuahuense donde coinciden los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango.

Iniciemos con la “leyenda” ya que provoca más los sentimientos y tenemos que desde o inclusive antes de ello, el científico Wernher Von Braun, padre de los temidos cohetes V1 y V2 alemanes que durante la segunda guerra mundial pusieron de rodillas a los ingleses con su bombardeo y que al terminar esta, cómodamente se incorporó al programa espacial estadounidense con bastante éxito, ya que llevó a estos hasta la luna, pero para nosotros lo más interesante resulta en un artículo del periódico Siglo de Torreón escrito por Miguel Ángel Ruelas T., fechado 4 de marzo de 1970, donde según se señala que el destacado personaje estuvo de incógnito en Ceballos haciendo varios vuelos de reconocimiento en una pequeña avioneta.

El argumento era que la región estaba apta para recibir viajeros de otras entidades o más bien mundos, “allí aterrizarían los visitantes de extra-mundo” (Von Braun) pues según en el área comúnmente caían meteoritos como el del rancho Chupaderos cercano a Jiménez con un peso de más de catorce toneladas y que está expuesto a la fecha en el Palacio de Minería en la Cd. de México. Además del meteorito de Allende que en 1969 cayó entre Jiménez y Parral después de dar una orbita alrededor de la tierra estimando su antigüedad a 13millones de años, y por lo tanto la roca más antigua en la tierra, que por cierto fue robado (el trozo más grande) de un museo en Tapachula, Chiapas hace ya varios años.

Además del reporte del capitán aviador Francisco Sarabia de que su radio falló misteriosamente al sobrevolar la “Zona del Silencio” en algún año de los 1930, ya después fueron una serie de coincidencias por las que el sitio tomó en los 60, 70 y parte de los 80s de los 1900 tanta popularidad. En primer lugar tenemos al Ing. Harry de la Peña (1928-2001) en 1966 descubriendo que en un predio no muy determinado “las ondas de radio se desvanecían” según esto entre los paralelos 26 y 28, “un lugar en donde ocurren fenómenos electromagnéticos, con concentraciones de alta energía y que además es bombardeada de rayos cósmicos y neutrinos” dando a conocer esto a los medios, a lo cual le podemos sumar la caída del meteorito de Allende en febrero 8 del 69, la visita de Von Braun en el mismo año y para rematar el 11 de julio de 1970 desviándose más de 800km de su trayectoria, se estrella en medio de todo, un cohete estadounidense, Athena, impulsando a toda la región al plano internacional y bien pudiéramos decir creando el nacimiento de la Zona del Silencio y con ella su “Leyenda”.

Cuando Harry de la Peña nos regaló espontáneamente este compendio de copias de periódicos con artículos antiguos del origen de la Zona del Silencio desde donde ahora estamos obteniendo estos datos, no imaginamos ni por un instante, que algún día estuviéramos asegundando el “cuento” de donde parte de ellos se originan, sin embargo, si se pone uno a pensar un poco, qué sería del corazón sin el amor, de la religión sin la fe o del miedo sin lo siniestro, dónde quedaría lo material sin lo intangible que aun cuando no se puede tocar, oler o ver , con el solo hecho de poderse concebir es también realidad y válido, por lo que la “Zona del Silencio” además de tener lo evidente, goza de lo discutible .

La reserva de la biósfera de Mapimí, que incluye 400 mil hectáreas de este hermoso desierto, fue establecida por el gobierno Federal y de Durango siendo Dr. Héctor Mayagoitia gobernador en 1974, como la primera parte a nivel mundial del Programa Hombre y Biósfera MaB de la UNESCO para “vincular la conservación del medio ambiente con un desarrollo económico y humano sostenible”, o sea, se trataba de proteger el medio ambiente y sus criaturas pero de una manera en que el desarrollo de los pueblos fuera también el objetivo, cosa que no sucedió y en verdad dado el hermetismo en que se maneja este gran territorio se ignora la situación de la misma. Sin embargo, solo al observar los pueblos abandonados por la emigración que causa el subdesarrollo y los relatos de evicciones de rancheros como Don Lucio con una antigüedad de más de 50 años en el Quemado (pequeña ranchería), nos ha dado a pensar que en algún momento del periodo entre la lejana fecha a este momento, el rumbo que debería haber tomado este esfuerzo se perdió, incubando ideas extremistas polarizadas de conservación que de hecho encerraron a la Zona del Silencio y a la reserva en políticas personales equivocadas muy apartadas de su sentido original. A la par nos nacen preguntas como ¿cuántas donaciones recibe la institución?, ¿qué presupuesto tiene y cómo se gasta?, ¿de dónde salen las políticas que ahora se imponen?,¿qué se esconde tanto en lo físico como en los números que no sabemos a dónde se reportan?.

Mientras tanto, el arribo al laboratorio del desierto de nuestras investigadoras Amandine Casadamont y de Angelique Tibau, fue algo frío y aun cuando se portaban todos los oficios pertinentes al caso, hubo que pasar mucha diplomacia para lograr la entrada al mismo. Este era un esfuerzo de exploración por parte France Culture de Atelier Création Radiophonique y la CECYTED estatal que consistía en grabar los sonidos de la Zona del Silencio para unos programas de radio y de conservación del audio dirigidos por la dependencia de cultura de ese país, se tenían todos los permisos solicitados por parte de la reserva y estaba algo extraño su negativa de atender a las francesas, cosa que finalmente se logró.

La noche en la “Zona del Silencio” definitivamente da lugar a la “leyenda”, un manto de estrellas va tomando el espacio del rey sol que a su vez en su despedida va dejando estelas de color inimaginables envueltas en el misterio divino, la manifestación de lo sagrado está en todos los sentidos a donde diriges tu mirada y no te queda otra cosa más que contemplar el sentimiento y pensar quizás en tus seres queridos, los que ya se fueron y los que aun están aquí, que abrazas con el espíritu enviando el corazón en un suspiro. La salida de la luna, en este caso color naranja, una que otra estrella fugaz y escuchar los rumores y ecos del día, años, o milenios anteriores que todavía vuelan en la ligera briza que atropelladamente sopla, claramente te estremece y nosotros ahora consagrados a lo imaginario en una plática en la cocina, les contamos del carro del General Banda, de cuando trajimos a más de 200 coterráneos de ellas que vinieron con sus danzas a estimular las chacras de la tierra, (traían un coro tabernáculo que te hacía llorar cuando cantaban) y otras historias todas tejidas entre lo cierto y lo que sientes.

Amaneció y caminando fuimos a la puerta secreta donde entras a lo irreal, visitamos la gran peña donde razas antiguas dejaron un mensaje que aun no desciframos, oímos alarmados y luego vimos a un jabalí enojado, tal vez porque interrumpimos su trompeo matutino en busca de su desayuno, entretanto una Matraca cantaba (pajarillo) y así pasó un día agradable, mismo que tuvimos parte de la comitiva que suspender con pesar, para regresar a Durango.

Pero a las francesas que permanecieron en las instalaciones del desierto para seguir con sus estudios, las esperaba su destino e ingreso al libro de lo insólito, pues a media noche fueron desalojadas por hombres armados y encapuchados, supuestamente policías, en dos patrullas para sacarlas del laboratorio y definitivamente de la reserva toda, conducidas hasta Ceballos, pequeño pueblito a orilla de la carretera Gómez Palacio a Jiménez.

Claro, como todo en México después de un día agitado y muchos telefonazos, todo “se arregló” con un “hay disculpe” y ellas muy valientes y conscientes (europeas) de su trabajo, volvieron para terminarlo, saliendo a la civilización unos días después. Y así para la “Leyenda” quedó el abuso de autoridad, La impunidad de este, los derechos humanos atropellados, y las vergüenzas diplomáticas, todo quedo allá en la Zona del Silencio, ahora además de todo, enmudecida. Por ahí nos vemos.

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Responses

  1. Estimado Walter
    El grupo que llevaste es de investigadores, que tenemos que hacer las personas que deseamos adentrarnos en la zona del silencio para no estar expuestas a sufrir un atropello a los derechos humanos de esa naturaleza?
    un turista no viaja con acreditaciones
    saludos

    • gracias por contactarnos en este momento no te recomiendo visitar la Zona del Silencio por un lado están supuestas autoridades quien sabe que estén escondiendo y por el otro están los de la ultima letra del abecedario o eso dicen esperando a ver que regalillo les cae del cielo mas vale aguantar un ratito.


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