Posteado por: pantera | Febrero 2, 2010

TEMPLO DE SAN AGUSTÍN.

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Tratemos de imaginarnos una villa de Durango con tan sólo 58 años de vida, apenas si nombrada “ciudad”, a sólo tres años de la gran rebelión tepehuana de 1616 a 1618, (donde mueren más de 150 españoles) nueva sede de la recién creada octava diócesis de Nueva Vizcaya del reino de la Nueva España (la única creada en el siglo XVII), en un tiempo donde el mismo no corría como lo hace ahora, sino que pasaba inadvertidamente a la velocidad de una carreta de bueyes o en su mejor forma, de un galope de caballo. Probablemente la ciudad de Durango en estos tiempo sólo contaba con unos 20 vecinos y un tanto menos de sirvientes en su mayoría de descendencia africana.

Fue en ese escenario donde el 28 de septiembre de 1620, es nombrado primer Obispo de Durango el Agustino Fray Gonzalo de Hermosillo, mismo que un poco tiempo después en 1621 o por ahí, escribe al Padre Maestro Fray Miguel de Sossa, para traer de la provincia de San Nicolás de Michoacán a sus hermanos de orden, Los Agustinos, a Durango, incluyendo al “fraile Juan de San Vicente” como prior, fundando en lo que era posiblemente un sencillo cuarto de oración, el Convento de San Nicolás de Tolentino.

Según se cuenta, el Obispo Fray Gonzalo de Hermosillo quien hasta la fecha había administrado su obispado a través del Pbro. y Lic. Amaro Fernández Pasos, a quien nombró Provisor, Vicario y Gobernador, falleció en su primera visita pastoral de la diócesis de Nueva Vizcaya en la Villa de San Felipe y Santiago Sinaloa el 28 de enero de 1631, por lo que el convento no progresó mucho y su fundación misma estuvo en entredicho, un tanto por que la Provincia de Michoacán no demostró mucho interés en la misma y porque en una descripción de esta en 1677 nos dicen, “El Convento de San Agustín está ocupado por dos o tres religiosos, es un edificio bajo de alguna extensión y sin comodidad; la Iglesia, una pieza chica de adobe y sin hermosura”.

Sin embargo, aun cuando la pequeña iglesia estaba un tanto retirada de la ciudad para esos tiempos, según la historia en 1673 por encargo de los durangueños Don Francisco Gómez de la Vega, Don Pedro Calleros y su esposa Doña Josefa Silva, entre otros, se manda traer una hermosa imagen de nuestro Padre Jesús, misma que se coloca en la humilde iglesia.

Según reportes unos años después, el convento todavía estaba en proceso de construcción pues no tenían los religiosos renta alguna y sólo con las limosnas de la gente “unos pobres y otros pobrísimos” estaban progresando, tanto así que al parecer la imagen de Nuestro Padre Jesús fue temporalmente trasladada al templo de la Compañía hasta que los Agustinos tuvieran un lugar apropiado para la misma.

Es por este tiempo que se forma la Cofradía de nuestro Padre Jesús Nazareno, una de las más antiguas de México y con una tradición que nos conduce a España donde los Agustinos fundan la original en 1605. La Cofradía también llamada de los “Morados” (el morado era color de luto en la antigüedad) por la túnica de ese color que usan durante la semana santa cuando cantan en duelo en el Templo y para la procesión de los Morados de esa misma semana.

Cabe mencionar que en esos años (1665 y lo que resta del Siglo) Durango, no la estaba pasando del todo bien, ya que las constantes incursiones de los indios del norte que llegaron inclusive hasta la ciudad y una sequía de varias temporadas, ocasionó no poder levantar las cosechas, que eran tremendamente importantes para la subsistencia de la ciudad, de tal modo que hubo una gran hambruna entre la población de escasos recursos que se vieron en la necesidad de comer raíces del campo para subsistir, según nos dicen los historiadores.

En realidad se pierde en el tiempo parte de la tradición del templo de San Agustín, ya que según se nos informó, un sacristán muchos años atrás quemó la historia de la iglesia, sin embargo, se tienen algunos reportes de 1681 o por ahí donde el Obispo Fr. Bartolomé García de Escañuela pide un informe de la situación del obispado sobre ciertos asuntos dentro de cuales se encuentra lo del Convento de San Nicolás de Tolentino y su iglesia.

Al Sr. Obispo se le contesta puntualmente con notario y todo por testigos residentes del lugar de esos años, de donde podemos distinguir las precarias condiciones en que se encontraba Durango.

Por una y como contestación a la sexta pregunta del Obispo, se señala que sólo había en la “ciudad” de 20 a 50 individuos y como respuesta a la séptima pregunta, se dice que efectivamente existe dicho convento y su iglesia, pero que tienen desde 1647 viéndolo igual que en sus inicios y que efectivamente una iglesia modesta estaba por terminarse, gracias a la limosna que daba el Arcediano de la catedral Juan Navarro de Gazcué. También en esta información se menciona, de lo pobre que está toda la gente, que no están para dar limosna sino para que se las den.

Después ya en plena época de la lucha por la Independencia de México, tenemos que el Templo de San Agustín al igual que la casa de la Caja, el Mesón de San Antonio y otros edificios, sirven como fortificación de los realistas en esta guerra que llega a Durango, en la toma de la ciudad por el Insurgente General Negrete, pero también se hace mención que dicho general logra introducir con la ayuda del prior del convento, a unos infantes al coro de la iglesia. Según cuentan que cuando las tropas realistas se trataban de retirar, lo hicieron marchando al Templo de San Agustín donde ya estaban esperándolos los insurgentes, desatándose una pelea de cuerpo a cuerpo dentro de la iglesia, que obviamente ganaron las tropas del General Negrete, finalmente capitulando Durango y toda la Nueva Vizcaya, en una acción considerada de las más importantes del Plan de Iguala.

Al parecer también, pero ahora en los tiempos de la Revolución, en 1913 Tomás Urbina llega a la ciudad saqueando todo a su paso y nuevamente el templo de San Agustín vuelve a estar involuntariamente involucrado en la lucha armada, para ese entonces ya en el Siglo XIX, se había reconstruido todo el templo por ahí de los 1886 al estilo neoclásico, y el maestro Benigno Montoya Muñoz, más tarde en los primeros años del Siglo XX construyó el Altar Mayor de estilo gótico y la puerta lateral oriente un tanto barroca y más o menos podemos decir que queda el templo como lo vemos ahora.

Recapacitando un poco, lo más probable es que al caminar por las calles de la ciudad en específico por lo que ahora llamamos Centro Histórico (en verdad bonito), no siempre estamos conscientes del tiempo que ha transcurrido y de los hechos históricos y las vivencias habituales, de otras personas que sucedieron en el mismo lugar en el que ahora caminamos quizás hablando por celular o qué se yo.

Es increíble la impresión que te causa, el entrar a construcciones hermosas como el Templo de San Agustín y pensar en lo que tuvo que pasar para que el mismo esté todavía aquí, la lucha física y espiritual además de incontables sacrificios, que diferentes personas de todos los estratos de la sociedad tuvieron que pasar, para hacer del Templo de San Agustín y de todo Durango en si, la realidad en la que nosotros vivimos ahora. Un homenaje para todos ellos es lo menos que podemos hacer, pero sin embargo es evidente que queda a todas luces corto. Por ahí nos vemos.

http://www.durangoturistico.com/caminando.html

Fuentes:
- La Historia de la Iglesia en Durango. Por Ignacio Gallegos C.
- Durango Antiguo. Por el maestro Manuel Lozoya Cigarroa.
- Apuntes para la Historia de la Nueva Vizcaya. Por Atanasio G. Saravia.
- La Frontera de la Nueva España. Por Peter Gerhard.
- Reseña Histórica de la Primitiva Hermandad. Por David Florián Sanz.
- La Secularización de Doctrinas Agustinianas. Sin autor.
- The Cofradia de Nuestro Padre Jesús. Por William H. Wroth.

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Posteado por: pantera | Enero 12, 2010

EL MAGUEY III última parte.

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Nos quedamos imaginándonos como sería la vida en el sitio de las casas en acantilados del cerro de La Campana en la quebrada de Basís y ya que mencionamos el amaranto (boletín no. 78), por ahí les habíamos regalado unas tabletas de amaranto con miel a los chiquillos del rancho El Pino y la señora mencionó que abajo en la quebrada, se daba el amaranto silvestre, lo que nos lleva a pensar, que quizás el mismo fue introducido pues y también podemos suponer que el quelite, planta comestible y muy similar al amaranto, pudiera haber sido parte de la dieta de los hombres, mujeres y niños de aquel antiguo tiempo.

Todo lo que podemos hacer es teorizar, en el sitio se puede decir que un inventario del mismo nos da muchos grandes metates, (para moler granos), las paredes de lodo y piedra con ventanas y techos igual que en otras quebradas y muy al estilo de los sitios en Madera y Paquimé, Chihuahua, pequeños olotes de maíz por todos lados, unos huesos que incluyen una clavícula, un fémur, un peroné, unas vértebras del cuello quizás la base o cervicales, y partes por cierto muy gruesas del cráneo. En sí, las casitas nos dejan un vacío de infinidad de preguntas sin contestación, pero la certeza de que estos lugares inaccesibles fueron en un tiempo habitados y llamados “hogar” por alguien, que aparte de la tecnología que ahora nos rodea en todos los aspectos de nuestra vida, eran más o menos igual a nosotros.

El regreso del Cerro de la Campana hacia donde habíamos dejado el vehículo de Aventura Pantera fue algo menos tortuoso que el arribo, ya que al rancho del Pino habían llegado sus moradores y aparte de que fueron muy amables en darnos de cenar y desayunar, el día siguiente además nos prestaron unas mulas para salir montados de regreso, pues a uno de los integrantes se le había desgarrado una rodilla y otros como su servidor, le cayó de maravilla este levantón a caballo del lugar, ya que en unas cuantas horas íbamos de camino a nuestra “casa”, pero solo por un momento.

Después de varios días de expedición, tuvimos que regresar a Durango ya que el equipo de Exploración de la UNAM, Javier Vargas, Alberto y David, debían de regresar a la ciudad de México y los de Tierra Norte, Rodolfo y Olaf, tenían otras ocupaciones, así que con solo un día de descanso muy bien aprovechado, nos fuimos a otra cita que teníamos en la sierra pero esta vez al Ejido del Maguey, famoso por ser uno de los pocos lugares posiblemente la única región de Durango, donde se puede observar la Cotorra Serrana Rhynchopsitta pachyrhyncha (de donde sacan esos nombres) una área muy bien conservada en lo general. Se trataba de vernos otra vez en San Miguel de Cruces, (ya le emparejaron algunas calles) y en conjunto con los representantes de Pro Natura Noroeste Javier Cruz y su equipo. Además el biólogo Carlos Aguirre con sus colaboradores y los de la mesa directiva del Ejido El Maguey, Esteban Aguirre, Leonel López y demás representantes, así que éramos un grupo nutrido, todos personajes interesados en la conservación de la Sierra Madre Occidental, su bosque y especies animal.

En realidad me dio mucho gusto poder participar en esta expedición, con motivo de ayudar al ejido a conservar los recursos naturales que tiene y trabajar con ellos para lograr una área natural protegida, pero primero y una de las razones del viaje era constatar que había todavía la mentada Cotorra Serrana.

El predio, a unas cuantas horas de San Miguel de Cruces, es parte de uno de los altos de la Sierra Madre, ya que la altitud más o menos es arriba de los 2,700 metros sobre el nivel del mar, por lo que el primer campamento lo instalamos en un paraje llamado Santa Bárbara, situado en un rincón protegido de los elementos, junto a un arroyo del mismo nombre muy bonito. Ahí cenamos alrededor de una gran fogata y a la hora de dormir, me fui un tanto retirado de , ahora sí que el gentío y me acosté abajo de un gigantesco encino. Me metí a la bolsa de dormir vestido con todo y chamarra por el frío y me quedé viendo hacia arriba, se sentía la presencia del árbol como si fuera una entidad, el fuego del campamento a lo lejos alumbraba las enormes ramas de este gran árbol, las estrellas brillaban entre las hojas y se veía en parte como si fuera un arbolito de navidad pero de unos 20 metros de altura y decorado con una serie de sólo como un billón de lucecitas, (las estrellas). La escena me impresionó mucho, pero por más que traté de captarla con mi cámara, no pude en realidad recrear lo impactante de la misma.

Emocionado por todo esto, una vez más, me pregunté cómo es posible que nos estemos acabando el mundo, nuestra tierra, de hecho es nuestro hogar y resulta un tanto “tonto” por darle un término light al asunto, estar destruyendo donde vivimos. Si creen como dicen, que en un futuro nos podremos ir a Marte u otro planeta más lejos, eso es en verdad una tontería, no lo dudo que si se puedan ir los presidentes o los más ricos y famosos, pero la gente normal, nosotros los ciudadanos, todos nos vamos a quedar en este planeta, y si lo destruimos y al parecer eso es lo que estamos haciendo a una velocidad impresionante, no le vamos a dejar a nuestra descendencia (hijos, nietos, tataranietos, etc.) nada de tierra, de sus recursos renovables necesarios para la vida. En fin para no aburrirlos más con el tema pero me apasiona, más vale invertir el dinero público que con tanto sacrificio le extraen a los ciudadanos del mundo, en soluciones ecológicas amigables para conservar nuestro medio y vivir en este mundo, en la tierra, no en Marte, la luna u otro planeta, nuestra realidad es esta tierra y tiene muy poco caso andar viendo como irnos de aquí.

En la mañana temprano con un paisaje blanco por el hielo de la helada, (menos abajo de mi árbol) tomamos un café y continuamos el ahora si que “tour” por los terrenos del Ejido. Recorrimos en poco tiempo ya que por la velocidad en que lo hicimos parecería que nos venían siguiendo algunos potreros del mismo hasta llegar al punto de la “Anqueta”, nombre raro del castellano que quiere decir “a medias” y que en este caso quizás se pudiera decir que el sitio está a medias del cerro. Total que de aquí nos fuimos caminando a la plazuela, una gran laja de piedra algo asi, hasta como para hacer un baile, donde unos se fueron al arroyo y otros a una cueva, por lo visto bastante grande como para tener un buen número de murciélagos. Pero los del arroyo tuvieron más suerte pues el compañero “Felipe” pescó además de muchas truchas menores, una gran trucha muy especial de más de treinta centímetros. Ahora después de varios meses resulta que las truchas pueden ser endémicas y una razón más para cuidar de este paradisíaco lugar.

Claro que las truchas no duraron mucho fuera del agua, pues en una fritanga memorable nos las cenamos para ver que tal sabían, pasando la prueba ampliamente. Esa noche no hizo mucho frío y en la mañana muy temprano salimos a buscar la cotorra serrana. El día anterior habíamos visto algunas a lo lejos, pero queríamos estar bien seguros y efectivamente no estábamos errados, un compañero inclusive logró de lejos fotografiar a una y nosotros por otro lado vimos a varias volar con su distintiva alharaca, logrando el propósito del viaje, pues con esta revelación la conservación del lugar adquiere proporciones gigantescas.

El sitio en si está especial para observación de aves, de las cuales vimos varias especies pues el lugar está rodeado de huertas de manzana, tejocotes, duraznos y hasta higueras había, en ese tipo de hábitat no es raro encontrar gran cantidad de pájaros.

Tanto así, que es comparable a un sitio famoso para observar aves que está en la carretera Durango Mazatlán, llamado “Arroyo de la Liebre” y no es descabellado pensar que en este Ejido del Maguey se pueda elaborar un proyecto de turismo naturaleza, con observación de sus especies de fauna y flora y también de aventura con caminatas, cañonismo y otras actividades más contemplativas.

De esta manera se pudiera conservar el patrimonio tanto de los animales que ahi viven, como de los ejidatarios propietarios del predio y las generaciones futuras.

Ya de salida y como broche de oro, fuimos a visitar el “Cerro Trozado” y en una caminata más leve por la ladera, nos encontramos dos reptiles algo peculiar e interesantes, una de ellas fue una lagartija muy fea, llamada para variar Gerrhonotus liocephalus, (apa nombrecito) y la otra fue una víbora de cascabel (sólo tiene uno) que por mero nos muerde, de nombre Crotaluz willordi / obscurus meridionalis. Por ahí nos vemos.

http://www.durangoturistico.com/maguey.html

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Posteado por: pantera | Diciembre 29, 2009

LUCES NAVIDEÑAS DE LA CIUDAD

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Como ya es tradición, en el sexenio gubernamental del Contador Ismael Hernández Deras, año tras año en combinación con el Gobierno Municipal, se ha instalado en el Centro Histórico, Paseo de las Alamedas y Parque Guadiana la iluminación Navideña y Nacimiento de Noche Buena. Este año de 2009 no fue la excepción y la ciudad verdaderamente luce más bella que en años anteriores. Desde que se inauguró la nueva calle peatonal de Constitución y las hasta ahora nombradas “Las Cuchillas”, con sus fuentes de luz, andadores y demás infraestructura, no hemos dejado de tener sorpresas y cada vez son más emocionantes las invitaciones. Así pues con la presencia del Sr. Gobernador acompañado de su distinguida esposa Gabriela de Hernández, del Alcalde Carlos Matuk, honorables invitados y todo el pueblo en general, en un ambiente de fiesta que nos ha durado todo el mes, observamos el Desfile Navideño con más de 25 carros alegóricos, el alumbrado de Navidad del Centro Histórico que esa misma noche se encendió, el espectáculo de Luz y Sonido proyectado sobre nuestra Catedral Basílica Menor, la nueva calle peatonal de Constitución, la reinauguración del Lago de los Patos con una membrana que evitará las filtraciones y su nueva fuente, la iluminación del Parque Guadiana y el Nacimiento con todo y pueblito y finalmente la inauguración del remozamiento y fuente danzante de luz y agua del Paseo de Las Alamedas. Estas son las imágenes de la Navidad en Durango, disfruta de tu estancia en la Ciudad. Por ahí nos vemos.

http://www.durangoturistico.com/destinos/79lucesnavidad.html

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Posteado por: pantera | Diciembre 19, 2009

LAS CASAS EN ACANTILADOS Y SUS MORADORES.

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Estábamos descansando en la sombra de un encino, con el terreno como ya habíamos dicho a 45 grados de inclinación, de tal forma que ni siquiera podías sentarte bien, pues solo con tu peso era suficiente para rodarte hacia abajo, así que inclusive descansando tenías que sostenerte de algo. La vista del paisaje era increíble, las lluvias recién pasadas, habían ayudado para que todo estuviera verde todavía y allá en lo alto, se veían las cumbres llenas de pinos y según ibas bajando la vista de altura, paulatinamente cambiaba la vegetación y así a los Pinos, le seguían los Encinos y luego los árboles del Bosque Tropical Caducifolio como los Capomos, Guamuchiles y a mero abajo los Garambullos.

Desde que divisamos el cerro de La Campana a nuestra llegada la noche anterior, habíamos previsto el reto que implícitamente nos hacia éste, para subirlo y ahora lo estábamos sintiendo. Con lo difícil de subir. La razón del ascenso en algún momento del mismo, se había perdido en los primeros cien metros, ahora sólo quedaba el de subirlo y aun cuando a lo lejos no se veía tan grande, ya de cerquitas, la cosa se ponía fea.

En verdad no podemos pensar en nuestra expedición como arqueológica, pues ninguno de los integrantes lo era, pero si como una de exploración, pues este sitio, famoso por sus casas en acantilados nunca había sido visitado, por razón de las mismas “casitas” donde suponemos vivieron personas de la cultura Mogollón. Digo suponemos porque en realidad todavía no se han puesto de acuerdo los estudiosos en la materia, pero debemos iniciar como acertadamente nos indica Beatriz Braniff, pensando en que las fronteras actuales solo tienen 150 años de antigüedad, que en realidad no son nada y esto nos facilita imaginarnos al norte de México y sur de los Estados Unidos, como un solo conjunto de desiertos, grandes llanuras y cadenas montañosas, donde fácilmente desde hace más de 10 mil años antes de Cristo, lo recorrieron varios grupos humanos de distintos pueblos, de norte a sur, este y oeste varias veces, de todo el continente Americano.

Lo primero que nos encontramos en nuestra penitencia, pues parecía eso mas que cualquier otra cosa, fueron una terracitas de terreno plano de 10 por 10 o 15 mts. más o menos, con muros de contención de piedra para evitar su erosión, donde posiblemente estos Indígenas sembraran o quizás pudieron vivir aquí en chozas de vegetación que obviamente ya no están pues no resisten el paso del tiempo, pero si pudimos ver algunos metates en estos planos. Por ahí en algún artículo leímos que se podía fechar un sitio por lo hondo del fondo del los metates calculando su desgaste en años, sin embargo varias publicaciones sitúan a las casas en acantilados de México, en los años 1000 al 1350 de nuestra era, según Kelley.

Seguimos subiendo pues no había otra cosa que hacer más que llegar al nivel donde suponíamos estaban las “casitas” y efectivamente así fue, en una gran covacha o cobertizo de la montaña, en un estrato de piedra porosa muy parecida a la cantera y de hecho con el mismo origen volcánico con orientación hacia el norte, empezamos a ver las paredes derrumbadas del conjunto de habitacional.

Todo el sitio estaba semi derrumbado, el uso altamente devastador, de estas covachas por los locales para resguardar animales y otras cosas, en verdad a deteriorado estas ruinas arqueológicas de cuando menos 1000 años de antigüedad, testigos de nuestra historia como durangueños y es en verdad una lástima.

De todas maneras cartografiamos el sitio, como era nuestra intención tomando evidencia fotográfica de la forma de la construcción de las paredes, ventanas, techos (lo que quedaba), también de las múltiples manos de metate, que indicaban que en el sitio se vivía y no era ceremonial, de los huesos humanos que encontramos, algunos de gran tamaño y partes del cráneo sobresalientes por lo grueso de sus dimensiones.

Quizás eran unas veinticinco o treinta casitas y fácilmente se podía imaginar uno el movimiento que alguna vez hace muchísimo tiempo tenía el lugar, con las mujeres moliendo el maíz y quizás semillas de amaranto (Amaranthus Cruentus) … CONTINUARÁ…

http://www.durangoturistico.com/destinos/78acantilados.html

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Posteado por: pantera | Noviembre 30, 2009

CERRO DE LA CAMPANA

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Fue en 1978 cuando Harry Moller, fundador de la revista México Desconocido, voló en helicóptero por las Quebradas de Durango, registrando algunos de los sitios arqueológicos que están escondidos entre sus formaciones y estratos de tufa volcánica.

En ese entonces el área, era (todavía es) por demás remota, tanto así que la única forma de arrimarse, era por aire. Al parecer, Harry voló en un helicóptero Bell 206 Jet Ranger desarrollado por esta compañía en 1962 bajo contrato del ejército norteamericano, al mando del capitán Acosta. El helicóptero, era de la compañía LUISMIN, que por cierto en ese año fue adquirida en su totalidad por inversionistas mexicanos y que amablemente proporcionó el aparato para esta exploración.

Ya en nuestros tiempos, hace algunos días salimos por tierra, nuevamente en una aventura de exploración, al noroeste del estado, allá en los límites con Sinaloa, precisamente a visitar al célebre Cerro de la Campana y tienen razón, hay muchos cerros llamados así en la República, pero esta montaña en particular, se localiza por la Quebrada de Basis al lado sur de la misma, yendo con la corriente del río en dirección de este a oeste y está situado como a unos 20 kilómetros del pueblito de San José de Basis, varias veces célebre en la historia de nuestro estado por las bonanzas de los minerales que por ahí se encuentran.

El Cerro de la Campana sigue tan retirado como alguna vez lo fue para Harry Moller y si bien hay unos caminos rurales, que se acercan a la región, lo primero que tienes que hacer es salir rumbo a San Miguel de Cruces por la nueva carretera que sale del entronque de Coyotes en el Km 90 de la rúa Durango Mazatlán carretera federal no. 40.

No es por nada, pero a San Miguel de Cruces le falta muchísima infraestructura y aun cuando todavía retiene el romanticismo del título de “pueblo de madera” que le diera De la Riva en su película, en realidad no vemos porqué no puede tener servicios, como calles más o menos parejas, aun cuando sean de tierra, y algo de organización, pues todo está un tanto desarreglado o cuando menos esa es la impresión que nos dio.

De aquí continúas a San Antonio de las Truchas, un ejido bastante bien establecido propietario de las tierras alrededor del lago de Truchas con mucho futuro en turismo de naturaleza y hospedaje de cabañas. De este punto en adelante, los caminos aun cuando son de la sierra, no están tan malos como se imaginaria uno y más o menos continuamos a buena velocidad, pasando por La Manga, de arriba y de abajo, por Guachimetas de arriba y de abajo, no se exactamente por que tienen esa costumbre de “arriba y abajo”, pero todos los lugarcitos estaban bastante ordenados y las tierras de cultivo todas sembradas de avena, con algunas de maíz, lo cual refuerza la noción que la gente de la sierra es bien trabajadora y todos estarían en mejor situación, si tan solo hubiera más seguridad y ordenamiento de parte de los gobiernos.

De Guachimetas, todavía después de cuatro horas desde que salimos de San Miguel de Cruces, el camino se hace más rupestre y el terreno que hasta ahorita era más o menos plano con muchos “bajios y parejos” como dicen por allá, se hizo más escarpado y empezamos a divisar las grandes Quebradas, la de Basis y otras menores pero de varios cientos de metros de profundidad.

Todavía nos faltaba una hora más para llegar a “El Palmito”,(nuestro destino intermedio) una comunidad ya en terreno medio tropical y al final de una gran bajada, donde se nos quedó atorado el vehículo en un arroyito sin chiste, por lo cual perdimos algo de tiempo para sacarlo, de tal forma que cuando llegamos abajo, ya se estaba medio metiendose el sol.

En este ranchito, donde iniciaríamos la caminata, nos estaba esperando nuestro guía “Marco”, con una yegua prieta ensillada para ayudarnos con algunas de las mochilas, pues aun cuando llevábamos poca carga en su mayoría equipo, cualquier cosa en la espalda, después de un rato caminando, se hace más pesada. Pasaron algunos minutos de confusión, entre que considerábamos, que era muy necesario llevar y que seria mejor dejar en el vehículo de Aventura Pantera para aligerar más la carga, hasta que finalmente, salimos avanzando hacia abajo, por una vereda de piedra y lodo, entre las huertas y milpas, con sólo el reflejo del atardecer para ver donde pisar, pues el sol ya se había despedido.

Como llovió mucho, solo unos días antes, había agua por todos lados y los arroyos que estaban llenos, hacían un ruido estruendoso, cuando los cruzabas y en la noche por alguna razón se multiplicaba el sonido, de manera que te encapsulaba y por un instante, perdías el contacto mental y visual que llevabas con el resto de los compañeros, por lo que no te podías retrasar nada, ya que fácilmente puedes tomar otro camino y perderte momentáneamente.

Pasamos por “La Cañita” un rancho con plantas de plátanos, papayas etc., situado en medio del barranco, con nuestras lámparas ya encendidas y así seguimos el camino de herradura en la noche, subiendo y bajando por lo que parecían (y eran) unas profundidades, verdaderamente impactantes. Por ahí como a la mitad del camino por fin salió la luna y es increíble lo que su luz, (de una vela de intensidad) según los estudiosos 500,000 veces menos intensa que el sol, puede aluzar en lo negro de la noche, ya que nos ayudó bastante.

Después de como aquello de tres horas, bastante cansados y yo en lo personal con unos calambres bastantes rudos, por fin divisamos, gracias a la luna medio llena, nuestro objetivo (cerro La Campana) y ahora si que, hasta el cuero se me enchinó de ver la magnitud de la tarea por venir, todos los de la expedición nos quedamos con la boca abierta y es que el espectáculo del paisaje iluminado tenuemente, con algunas estrellas brillando, la gran Quebrada de Basis y el Cerro de la Campana, era verdaderamente extraordinario.

También se divisaba, allá muy abajo a unos 500 mts. de profundidad, unos sembradíos y la casita blanca, con su techo de dos aguas cubierto con láminas galvanizadas que brillaban en contraste de la noche, del rancho llamado “el Pino”, donde sería nuestro campamento base. Todavía nos tomo más de una hora, llegar al mentado ranchito, ya que la vereda, estaba totalmente llena de piedras de todos tamaños que a cada paso que dabas se te doblaban los tobillos, así que llegamos cansados a más no poder, eso es los citadinos.

No pudimos cenar mucho y es que entre todo el reborujo de la salida, nos trajimos muy poca comida y aparte de unos elotes que agarramos de las milpas, asados a la lumbre bastante buenos y una taza de café, nos preparamos para dormir. No saben la magnitud de los calambres que me dieron para meterme a la bolsa de dormir y no me cayó nada bien, las risas de los compañeros, pero ni modo, hay que sufrir un rato para después disfrutar más el momento.

Los gallos, en plural porque eran dos, empezaron a gritar y no digo cantar, porque no tenía nada de melodioso su kikiriki (en Francia hacen kokoriko, en España cucurigu), antes de las cinco de la mañana y no pararon hasta que salió el sol y se bajaron de los árboles donde duermen para defenderse de los coyotes que merodean por el lugar. Así que nos levantamos temprano como en los ranchos, a tomar café alrededor de la lumbre y prepararnos para lo que habíamos venido, ascender el cerro de la Campana.

Aquí en “El Pino” estábamos a 1500 mts., por cierto nada de frío y el cerro quedaba a 1800 mts. con una diferencia de 300 mts., que no es mucho, pero lo malo de todo, era que para llegar a donde iniciaba la cuesta, teníamos que seguir bajando cuando menos otros 200 mts. cruzando tres arroyos, con lo que tendríamos que subir nuevamente, 500 o 600 mts. y se dicen fácil, pero cuando lo haces con un ángulo del terreno de 45 grados, la subida es poco menos que inaccesible.

Inexplicablemente, quizás por la expectación pues van a decir que como soy iluso, pues desde que era piloto en la sierra allá por la década de los ochenta, al pasar en los avioncillos por el Cerro, claramente se distinguían las ruinas y desde esa época tenía la ilusión de venir por tierra y explorar la región, decíamos que sin razón de sentido, cuando menos su servidor, estaba de muy buenos ánimos, nuevamente con fuerza en las piernas y listo para empezar a subir .

Lo bueno de todo esto, es que mientras vas subiendo, con todas las veinte uñas a su máximo, agarrándote como puedes, de los zacates y ramas que encuentras, ayudándote con una vara como de bastón, que por cierto es muy efectivo y según dicen te quita más del 30% del peso corporal de las rodillas, pues obviamente son las que sufren más, vas en medio de un como paraíso, con mucha flora, viendo aves y el horizonte amplio admirando la profunda Quebrada con el río de Remedios que ahora podíamos ver, respirando un aire fresco ahora si que a bocanadas pues con todo y todo vas subiendo en serio. Continuará…

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Posteado por: pantera | Noviembre 12, 2009

PIAXTLA / YAMÓRIBA.

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

De Yamóriba, ahora un ejido de la sierra de gente alegre y trabajadora, no tenemos muy buenas referencias durante el tiempo de la Colonia, ya que los Yamóribos “rama de los Xiximes”, según relatos de varios personajes antiguos como el padre Andrés Pérez de Ribas, este grupo indígena, era de los más fieros y antropófagos de la sierra y no nos sorprende de que fuera aquí, donde se libraron las últimas batallas de la rebelión de esta gente en 1610 y luego en 1618 misma que el Capitán Urdiñola terminó de una manera excesivamente sangrienta, ejecutando a un gran número de indígenas de varias tribus de Acaxes, Xiximes, Tepehuanos (que se habían subido a la sierra) y entre los cuales iban los Yamóribos .

Después de la llegada de los padres jesuitas como Pedro de Gravina en 1623, que por cierto muere de la “enfermedad de costado” precisamente en Yamóriba, las cosas cambian un tanto, pues la disminución de la población original, después de las revueltas y una epidemia en 1613, habían dejado de 10 mil indígenas en 1530, a sólo unos 300 y tantos en 1764 según Peter Gerhard.

Toda esta región está llena de historia, ya que es de aquí (lo hemos dicho en otras ocasiones) y de sus minerales, de donde salen las riquezas para construir la capital de Durango y sus hermosas construcciones de época como el Palacio de Zambrano y la Catedral misma.

Increíblemente, el Municipio de San Dimas casi 400 años después, todavía, es la región más minera del estado, misma que con su producción de oro y plata, hacen que el mismo sea uno de los principales productores de estas riquezas, a nivel nacional.

Pero nosotros seguíamos en la fotografía y el paisaje increíble, que, con una nitidez sorprendente, en un momento nos dejó divisar hasta lo que queda de la iglesia de Guarisamey. La neblina a estas horas de la mañana estaba como de fiesta, ya que con un movimiento como casi bailando, mostraba y escondía, las cimas de los cerros y los acantilados de los mismos.

Como a media mañana, llegó el tiempo de partir, e iniciamos el retorno a Durango topándonos con un vaquero de a deveras en un camino de ensueño, por el bosque y pasando desde luego por San Miguel de Cruces, donde tomamos la nueva carretera pavimentada hacia el crucero con la carretera federal No. 40 Durango Mazatlán. Ahi decidimos comernos un riquísimo bistec ranchero, en el Restaurante de Santa Lucía, atendido por su dueño César alias “El Pelón”, para después en una decisión que resultó muy buena, continuar al tradicional mirador del “Espinazo del Diablo” y luego ya de tardeada, al Puerto de Buenos Aires, donde presenciamos uno de los atardeceres más impactantes que jamás hayamos visto.

Ya acá, se puede decir de vuelta a la civilización, dándole vueltas y vueltas, rebobinando el casete (no somos de chip), pensando, en todos los increíbles lugares que habíamos visto, durante el pequeño viaje de cuatro días a una micro región en el municipio de San Dimas en el estado de Durango; la quebrada de Basis y sus paredes pintadas, el cerro del Tacotín, los campos llenos de flores, la Quebrada del Piaxtla con sus relices pintados de mil rojos, la neblina jugando en el cañón y otras tantas instantáneas de incomparable belleza, nos dio, una enorme decepción que el hombre, la raza humana, definitivamente no encaje ni armonice en la hermosura del paisaje, sino que invariablemente siempre resalte como una fuerza negativa en el mismo.

En los terrenos que visitamos, encontramos a los habitantes de la cultura Mogollón teniendo que hacer sus casas y los riscos para protegerse de sus vecinos, a las culturas posteriores de las tribus, Xiximes, Yamóribas, Acaxes y otras, comiéndose unos a otros sólo para poner como trofeo sus calaveras enfrente de sus chozas decorando sus alrededores, a los europeos que llegaron de otras tierras según esto más civilizados, imponiendo un terrible yugo, a las poblaciones originales de las quebradas, finalmente exterminando a todos ellos y a nosotros mismos, ahora en el 2009, según esto muy culturales, letrados y no se que más, sin ningún freno ni acato, explotando los recursos, ya sean estos bosques, minerales, animales o lo que se deje, como si mañana se fuera acabar el mundo, como si no hubiera otro futuro, en verdad, qué pena. Por ahí nos vemos.

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Posteado por: pantera | Octubre 24, 2009

PIAXTLA / GAVILANES

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Estábamos ya de tarde a 2,750 mts. de altura, en la sierra madre occidental, en medio de una niebla espesa que no nos dejaba situarnos muy bien, pues solo podíamos ver a unos cuantos metros a la redonda, sabíamos que nos dirigíamos rumbo al pueblito de Gavilanes, pero no muy seguros de haber tomado un camino secundario. Por cosa de las lluvias, el encharcamiento y lodazal consiguiente, además de la gran espesura del bosque, pues todo parecía igual y no teníamos un buen punto de referencia para determinar nuestra posición, así que no teníamos otra posibilidad mas que seguir moviéndonos hacia adelante, sorteando los obstáculos y sube y bajas del camino.

Esta mini aventura se había iniciado con un correo electrónico de Antonio Vizcaíno ( fotógrafo famoso) donde nos solicitaba la prestación de servicios como guía, para incursionar en la Sierra de Durango y tomar algunas fotos para un nuevo proyecto de libro de naturaleza (su especialidad), a lo cual con mucho gusto accedí, ya que además de ser muy divertido andar explorando por ahí, y aun cuando nunca he podido convencer a algunas personas que esto que hacemos es trabajo, pues así es, de eso vivimos.

Como varias veces al año nos solicitan reporteros gráficos de diferentes magazines para llevarlos a la sierra a safaris fotográficos, mas o menos había echo un itinerario por la carretera Durango Mazatlán para visitar algunos puntos muy bonitos pero accesibles, sin embargo cuando pasé por Antonio, nos obsequió tres de sus libros y nos dimos cuenta de la importancia de sus obras y su trabajo, decidí llevarlo a visitar las Quebradas de Durango o cuando menos dos de ellas, porque a mi juicio, éstas son lo que verdaderamente diferencian al Estado de otras entidades.

Entre tanto y como por magia, en una curva a la derecha ya habiendo iniciado una súper bajada que hay para llegar a Gavilanes, salimos abajo de la niebla que ya era más bien nube, y pudimos ver, unos 500 mts. abajo , lo majestuoso de esta quebrada.

La quebrada del Piaxtla por su profundidad (más de 2,000 mts.) es una de las más grandes del Estado, de hecho su cuenca es de 7,447 km. cuadrados de superficie y su aportación de agua al vecino estado de Sinaloa es de más o menos 1,403 millones de metros cúbicos, lo cual nos da una idea de su importancia, además son varios los pueblos establecidos dentro de su influencia y la misma ha sido protagonista en varios capítulos de la historia de Durango. Poblados como Tayoltita, San Dimas, Miravalles, Guarisamey, Yamoriba, han en su momento tenido un significado importante en los sucesos históricos del estado y algunos siguen siendo actores principales en éstos.

Por lo pronto nosotros, aun cuando el día por su nublado no se prestaba mucho, (para fotos) después de una sesión inicial de fotografía, continuamos bajando ahora si que vertiginosamente rumbo a el pueblo, haciendo un alto para arrimarnos un tanto al borde norte de la quebrada y tomar unas fotos de donde propiamente inicia la quebrada. Aquí en este lugar impresionante, se juntan varias corrientes de agua, empezando de norte a sur, pasando por el este, está primero el arroyo el Rincón como le llaman algunos y que viene desde San Miguel de Cruces, (agua no muy limpia) pero en su ribera, están dos haciendas mineras o plantas de beneficio, donde se procesaba el mineral desde cuando menos los 1800.

Una de éstas se llama El Ancon, todavía no la hemos visitado, pero la otra se llama El Pilar, hemos pasado varias veces por ahí en nuestras caminatas, se supone que ésta fue en algún momento del Conde de Súchil, hay bastantes ruinas de arcos de cantera, inclusive un acueducto por donde conducían la corriente de agua que movía los molinos o las taunas, aquí también encontramos una capilla dedicada a la Virgen de la Inmaculada Concepción, que todavía en estos tiempos, es visitada el 8 de diciembre por los habitantes de todas las comunidades de alrededor.

Continuando hacia donde sale el sol todos los días, para nuestra buena suerte, está el arroyo de La Blanca, quizás haciendo referencia a una cascada de más de 80 metros que se divisa a lo lejos de este color (o no color), luego está el propio río Piaxtla que más arriba en la meseta de la sierra, es el río Miravalles, pero de aquí en adelante ya no cambia su nombre hasta su salida al Océano Pacífico en el estado de Sinaloa, en este punto cae por una cascada de 175 mts. (medidos por nosotros), luego le sigue el arroyo de Tambores, que del tramo del pueblo Las Vegas, hasta encontrarse con el Piaxtla, tiene 20 cascadas de más de 40 mts., la más grande de 90 mts., y continúa la vista espectacular, ya totalmente viendo hacia el sur, con el arroyo San Luis donde hemos registrado 7 sitios arqueológicos de la cultura Mogollón, de hace entre mil y ochocientos años.

El paisaje no tiene comparación, pues entre cada uno de estos confluentes, los macizos de piedra y tierra son de todas las tonalidades del color rojo y con las formas caprichosas en que los ha esculpido la naturaleza, como se han erosionado escalonadamente, ha hecho de este conjunto escénico, un verdadero monumento a la madre tierra.

Desgraciadamente para nosotros no pudimos lograr una fotografía decente o cuando menos no con la calidad que se auto impone el fotógrafo Vizcaíno, así que continuamos hacia el pueblo todavía unos cientos de metros abajo de nuestro nivel, cosa que se dice fácil pero que no lo es tanto.

La primera impresión que te grabas cuando llegas anocheciendo a Gavilanes, es una agradable, de cierta manera como transportarte por el tiempo cientos de años atrás, a la colonia, no hay luz eléctrica, las calles son desiguales de una superficie rocosa, todas tienen un desnivel importante pues Gavilanes está algo así como colgado de un cordón (término topográfico), hacia el vacío de la quebrada, de tal forma que lo mejor que puedes hacer, es llegar a un patio central que tiene el pueblo, adornado por una gran Fresno y la orilla de la única construcción antigua que al parecer todavía queda en pie, sentarte en una banca grande de tronco de árbol, saludar a tus conocidos y pobladores en general y ver donde puedes pasar la noche.

Mismas direcciones que seguimos al pie de la letra, hasta que salió Don José Ángel Nevárez, a quien ya habíamos saludado por el camino y nos ofreció hospedarnos en su casa, invitándonos también a cenar, cosa que estuvo estupenda, pues sólo probamos unos lonchecillos en todo el día y traíamos una hambre bastante aguda, condimento esencial en este tipo de paseos extremos, de tal forma que el café, los frijoles, las excelentes tortillas de rancho y unos elotitos de maíz de temporada, estuvieron deliciosos y fueron un buen motivo para hacer una pausa e irnos a dormir.

La historia de Santa Cruz de Gavilanes (nombre original), es muy similar al de la mayoría de los pueblos por estos rumbos, en 1786 se descubre el mineral, muy parecido en importancia a el de Guarisamey (1779) no muy lejos uno del otro, la plata que encontraron era nativa de matriz cuarzosa, de una pureza excepcional (996), sin nada de oro y según un reporte de 1910 del Ing. Manuel Rangel, la mina producía de 250 a 300 mil pesos mensuales (de aquellos tiempos), el mineral era llevado a lomo de mula, a las haciendas mineras del Ancón y El Pilar, donde estaba el agua para su beneficio. En algún periodo de su existir, se mencionan como dueños a los hermanos Ramón y Juan Gurrola y al parecer todavía a finales del siglo IXX, estaba bien poblada toda el área.

Como dato curioso tenemos, que aquí en Gavilanes, nació Octaviano Meraz, un ranchero de muchos … mucha enjundia, que logró correr rumbo a Sinaloa, al atracador Heraclio Bernal “Rayo de Sinaloa”, donde un tanto después fue asesinado y también terminó con la existencia de otro criminal de renombre Ignacio Parra, célebre maestro de fechorías de Doroteo Arango, después Pancho Villa, a quien le enseñó, entre otras cosas, el truco de cometer una travesura en tal lado, para en la mañana siguiente, estar a decenas de kilómetros del sitio (andaban a caballo).

Despertando muy temprano y después de un desayuno ranchero, también excelente, nos fuimos rumbo Yamoriba (pueblito muy interesante), en parte a buscar a uno de los mejores guías de la sierra de nombre Santiago Guadiana, mismo que no encontramos pues se había ido temprano a trabajar en la milpa, pero de lo que si tuvimos la suerte de descubrir, fue una increíble vista hacia el oeste, misma que parecía infinita, con una serie de montañas en cadena que parecía que mirabas hasta la costa y el Pacífico.
CONTINUARÁ…

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Posteado por: pantera | Octubre 15, 2009

FESTIVAL MEXIQUILLO

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Pues un año pasa rápido y se llegó nuevamente el tiempo de nuestro Festival de Montaña Mexiquillo 2009 y la realidad es que por “angas o mangas”, de peso las dos, solo alcanzamos a llevar a cabo la segunda Carrera de Mtb dentro del circuito de PROCIMA. Bueno, lo importante es que no se cobra todavía por pensar y hacer planes, así que la semana anterior minuciosamente nos pusimos Rodolfo Gómez, Presidente de PROCIMA y un servidor, a hacer toda la logística para este evento, por lo que quedamos el sábado de vernos muy puntal a las 11 de la mañana enfrente de las oficinas de Durango Turístico, para salir rumbo a Mexiquillo, después de afanosamente subir todas las cosas necesarias para acampar y marcar la pista de las bicicletas, al autobús de Aventura Pantera que en este caso también participa y esperar más de lo pertinente para que alguien llegara y al ver que no lo hacía nadie, como a eso de las 12:30 del día salimos rumbo a la sierra.

Fue una salida medio en falso pues llegamos a la gasolinera y no había diesel para cargar, ya que apenas lo estaban descargando de la pipa de PEMEX y se tardaban un rato, lo que estuvo muy bien ya que también nos dimos cuenta que se nos había olvidado la cámara (entre tanto ajetreo) y pues irnos sin cámara era como mejor no ir, así que mientras que uno se fue por ella a la oficina, nosotros esperamos para que ya hubiera combustible para el camión. Finalmente, allá un tanto antes de las 2 p.m. salimos por la carretera y por un paisaje en verdad bonito con todas las flores que aun pueden verse, porque en cuanto se retiran las aguas va a helar y adiós campos floridos hasta el año que entra si nos va bien. Pues “dirán misa” pero con todo y baches y olas (parece que va uno en alta mar), la autopista Durango Mazatlán en su tramo hasta antes del Salto, pequeña ciudad pintoresca, muy querida de mi corazón, es una verdadera chulada en cuanto el tiempo que se ahorra uno de manejo, pues vayas en lo que sea, una carcacha o un último modelo, el ir siempre a una velocidad alta en promedio te hace llegar más rápido. Luego ya te vas con más precaución los 45 kilómetros de curvas y camino estrecho hasta Mexiquillo y sus cabañas.

Llegamos directo a un restaurantito de por ahí a comernos unas gorditas ,pues el hambre apretaba, después de lo cual continuamos a las cabañas que por cierto estaban a su máxima capacidad como lo están ahora todos los fines de semana, cosa que no fue así todo el tiempo, ya que apenas recordamos que éstas se inauguraron con el cambio del siglo en el Gobierno del Lic. Ángel Sergio Guerrero Mier y podemos decir que su iniciativa y planeamiento fueron todo un acierto, ya que ahora, la mayoría del tiempo de vacaciones, el complejo de ecoturismo siempre está al máximo, y podemos decir que el Ejido de la Ciudad (propietarios) le pusieron la muestra de que si puede haber usos alternativos del bosque, a todos los demás ejidos de la sierra y aun cuando a la fecha tenemos varios ejidos que ofrecen hospedaje en cabañas, Mexiquillo fue el primero.

Así que dejamos a los chiquillos en un paraje bonito de los que abundan en esta temporada haciendo lo que hacen todos los niños, “jugar” a lo que sea, al fut, a la bici, a los jueguitos electrónicos ahora muy de moda, y nosotros ya un tanto adultos también agarramos nuestras bicis y nos fuimos a “trabajar” marcando el recorrido, que se haría al día siguiente durante la carrera.

Para la marca usamos unas tiras de plástico de mantel de fiesta de niños que hacemos cortando con tijeras, bastante delgadas que rápidamente se desaparecen, pues año con año marcamos la pista y nunca encontramos las tiras del año pasado, así que por lo visto son desechables y aun cuando algunos vaqueros nos han dicho que se las comen las vacas (tan siquiera para que no se aburran), al parecer no causan daño alguno. Todos los años desde el 2004 que iniciamos esta ruta, a excepción de 2005 que no lo hicimos, habíamos seguido el mismo camino, pero este año decidimos hacer la carrera un poco más larga y extendimos el trayecto.

No crean que no lo he pensado mucho tiempo y no se si será porque nací en la sierra o porque he tenido experiencias inolvidables y aventuras emocionantes, pero después de haber andado toda la vida en la Sierra Madre Occidental, un tiempo de ranchero, otro volando, y ahora de guía y en ocasiones de turista, no le encuentro una explicación razonable, no se porque, no me aburre en lo más mínimo y es más, cada vez que visito la sierra se me hace más bonita y me da una sensación tan agradable que es como esas cosas que no puede uno describir muy fácil.

Ahí íbamos por el sendero entre los pinos con las marcas, amarrándolas en las puntas de las ramas, señalando el camino, atascándonos en el lodo pues ha llovido muchísimo este año y los bajíos parecen pantanos, todos los arroyos traen agua cristalina bien fresca, así que tienes que tener cuidado de no caerte de la bici o con todo y bici al agua al cruzar éstos, en fin, es definitivamente divertido y bastante espiritual, ya que solo con dejar tu mente correr en neutral mientras en este caso ruedas libre por el bosque, pasando vallecitos, arroyos, subidas donde el corazón se te quiere salir del pecho por el esfuerzo, bajadas llenas de piedras que parece que te vas a desarmar al pasar por ellas, no se, es algo bien gratificante.

Ok, la mala noticia es que te tienes que saber el camino, si no te pierdes, cosa que no quieres hacer en la sierra; la buena, es que también lo puedes hacer a pie, caminando bien tranquilo, solo consigue que te acompañe un guía, para ir más seguro. Después de haber comprado un “mandadito” en el pueblo de La Ciudad para consumir algo y ayudar a dejar un pequeño (de pequeños granitos se hacen las montañas) beneficio a la economía de éste.

Ya de regreso en Mexiquillo, en vista de que no había cabañas, decidimos acampar en esta ocasión cerca de las formaciones rocosas y armamos las tiendas de campaña a la luz de la luna que aun era la de septiembre y que nuestros vecinos del norte llaman la “Luna de Cosecha” ,pues tiempos pasados iluminaba a los trabajadores del campo, que durante el final del verano y principio del otoño, recogían sus cosechas , fuere lo que fuere, la luna llena de este sábado y madrugada del domingo estaba impresionante, tanto así que no me aguanté las ganas de salir a tomar algunas fotos de noche de la cascada de Mexiquillo y del valle de las formaciones rocosas, y otras bastante emocionantes, pero como a media noche “se me cansó el caballo” y me fui a dormir, los demás ya hacía tiempo estaban soñando en cada quien lo suyo.

En el campo siempre se levanta uno temprano, y quizás la mejor hora del día sea la mañana y ésta en particular, no era la excepción, todo estaba fabuloso, pero aun nos faltaba marcar la pista para los niños, grandes fanáticos de la bicicleta y en parte la de los adultos, quienes empezaron a llegar y apenas tuvimos tiempo para desayunar y arreglar los últimos detalles, para con un, “en sus marcas listos fuera” dar el banderazo de salida, salieron primero la categoría de los pequeños ciclistas, sus mamás y papás pendientes muy cerca de ellos y las consiguientes de expertos, mayores A, B, C y demás.

La carrera quizás como muchas otras, da oportunidad más que nada para convivir con personas afines, a gustos comunes de convivir con la naturaleza y de promover el uso de la bicicleta, quedando esto comprobado plenamente, cuando a la hora de la premiación, empezó a llover y todos los participantes, jueces, corredores y público en general, cupieron abajo de un pequeño toldo que llevábamos para quitarnos el sol durante la carrera. La premiación estuvo a cargo del Presidente de PROCIMO y de nuestra editora María Pizarro de la Garza. Por ahí nos vemos.

INFANTIL A 1ero. Tomás Luna y 2do. Esaú Rodríguez. INFANTIL B 1ero. Jaime Ramírez y 2do. Vanesa Valles. EXPERTOS 1ero. Gonzalo Medel y 2do. Ever Martínez y 3ero. Pablo Andrade. MAYORES A 1ero. David Martínez y 2do. Jaime Martínez. MAYORES B 1ero. Mario García, 2do. Luis Moreno. y 3ero. Carlo Chave. MAYORES C 1ero. Francisco García y 2do. José Parra. FEMENIL 1ero. Beatriz Gutiérrez.

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Posteado por: pantera | Octubre 1, 2009

CAMINO DURANGO – MAZATLÁN.

Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.
Aun cuando la distancia desde nuestra hermosa capital del estado de Durango al bello puerto de Mazatlán son sólo 320 km., algo no muy significativo en esta era del transporte rápido, a una simple vista de guía de mapas de carreteras, no se da uno cuenta de que entre los dos lugares, se interpone la majestuosa Sierra Madre Occidental que según el Ing. Pastor Rouaix además de ocupar más del 50% de la extensión territorial del estado, en el mismo, adquiere su mayor anchura de toda su extensión en la república, con unos 160 km. en promedio desde que inicia en las costas del Océano Pacífico de Sinaloa, hasta que desciende a la región de los Valles en el Estado.

Su altitud sobre el nivel del mar, es otro rasgo importante de la Sierra Madre, ya que en la ciudad de Durango al pie de la misma, estamos a 1,870 mts snm., mientras que ya en la montaña, con algunas cumbres de más de 3 mil metros, se tiene que subir por el camino a unos 2,750 mts. sobre éste, para bajar posteriormente a sólo 40 mts. arriba de las olas en la ciudad de Mazatlán.

Como se imaginarán, todos estos desniveles crean una diversidad muy amplia en lo que respecta a ecosistemas, fauna, flora, y rasgos escénicos de sus paisajes, haciendo de éstos de los más hermosos en todo México.

Para empezar, habrá que contar que después de batallar por años, finalmente le cayó la modernidad a la Sierra Madre y se está construyendo una autopista que reemplazará en parte a la viejita (la carretera) con gran dificultad, ya que para bajar el tiempo de recorrido de 6 horas de viaje a 2:30 hrs, se tendrán que hacer 38 túneles y 35 puentes con algunos de ellos como el puente del Baluarte (río que cruza) de súper primer mundo con 1,200 mts. de largo a 400 mts. de altura sobre el lecho del mismo (más alto que la torre Eiffel). Además de los múltiples beneficios que esto conlleva, como los más de 5 o 6 mil empleos directos y la inversión millonaria que está dejando a toda la región esta mega obra.

Sin embargo, esto no significa que la antigua carretera no. 40 se vaya a dejar de usar ni mucho menos, pues es muy posible que ahora, sin mucho del tráfico de pesados camiones, que convertían esta ruta en algo un tanto peligroso, este camino de la sierra, finalmente protagonice su papel destinado, desde hace ya cincuenta años y se convierta en un producto turístico en sí, como la carretera escénica más bonita de todo México y como acceso a los innumerables proyectos de turismo naturaleza que han estado desarrollándose lentamente en los ejidos y ranchos de la sierra.

Durango cuenta ahora, con un clima últimamente un tanto incierto y se ha ido acercando mucho, a tener solo dos temporadas o climas, la de lluvias en verano en ocasiones incluyendo parte del otoño, y la de estiaje que abarca todo el invierno, primavera y un pedacito de verano. Esto nos afecta de tal manera que el campo en verano está verdaderamente impactante desde que se enfila uno por la carretera hacia el punto llamado el “Pino” a 25 km. de Durango hasta Mazalán, con sus llanos y bajíos llenos de flores lilas, blancas y amarillas, además de que por todos sus ríos y arroyos chicos y grandes corre una gran cantidad de agua con algunas cascadas ya famosas como la del 1010 (así se llama) y la de Mexiquillo de extraordinaria belleza.

Esto no quiere decir que sólo en el verano está bonita la sierra, ya que en otoño, invierno y primavera entre los colores verdes de los pinos se entremezclan, los rojos, ocres, cafés y naranjas en unos tonos que claramente imitan a los matices que logra el sol, cuando se oculta al atardecer.

En todo tiempo hay cosas que hacer y no tiene uno que ir muy lejos para encontrarse con varias opciones de divertimento, las cabañas de “Parador de la Montaña” en el paraje denominado el Soldado a sólo 43 km. sobre la carretera No. 40, las Cabañas de la “Antigua Hacienda” y el campamento de “Sierra Camps” en Estación Otinapa con acceso ya por la autopista nueva y Rancho la Muralla un tanto más retirado en el Ejido de Salvador Allende, lugares donde sin retirarte de la ciudad más de 40 Km., puedes encontrar toda la gama de actividades del turismo naturaleza.

Pero hay más, y uno de los pasatiempos favoritos de la sierra, es andar en bicicleta de montaña por algunas rutas ya famosas dentro de la república, como la de los Túneles de Mexiquillo, Chavarría / Santa Lucía, Las Adjuntas / Puentecillas, la Ruta Durango Mazatlán de dos días por carretera, en la que participaron este año alrededor de 400 ciclistas y algunas otras más atrevidas.

Últimamente se ha hecho evidente el auge de las cuatrimotos con algunos excesos en cuanto a impacto en la naturaleza, pero los ejidos y propietarios de los predios turísticos, han iniciado un movimiento de reglamentación del uso de vehículos 4×4 en sus propiedades, reaccionando positivamente y creando pistas para los mismos de acuerdo a la experiencia de los conductores, alentando la realización de eventos masivos por caminos de alimentación de torcería como el recientemente efectuado en Julio de este mismo año “Mexiquillo Quadheads 2009”, donde se tuvo más de 200 cuatrimoteros recorriendo la sierra en dos rutas principales como la de Huizar en el municipio de San Dimas y la de Mexiquillo / Puentecillas en Pueblo Nuevo, usando sólo los caminos señalados y por consiguiente, sin causarle daño a la naturaleza .

Ya son más de 15 los programas de turismo naturaleza con servicios de hospedaje en cabañas de la sierra y podemos mencionar algunos de los más exitosos como Puentecillas a 22 km. del Salto (pequeña ciudad serrana km 100), Mexiquillo km. 145, Coscomate km. 135, y La Pirámide km. 118, donde no necesitas ser tampoco un destacado deportista para divertirte, sino que puedes sólo caminar por el bosque escuchando sus sonidos, el del viento al pasar por las ramas y hojas de los árboles, los pequeños grillos, las canciones de toda una gama de curiosos pajaritos de llamativos colores, el huh huh huh de uno que otro buho, hasta un coyote puedes de repente oir un tanto antes de salir el sol.

También te puedes quedar ahí estoico admirando el verde del bosque o el intenso azul del cielo, sólo respirando el aire de montaña, puedes tratar de meditar, o de sólo recordar instantes de tu vida, pero no te garantizo que puedas hacerlo por mucho tiempo, pues al respirar en la sierra es como si te estuvieran inflando con energía pura y te dan ganas de hacer algo, de moverte, de sentir tu sangre recorriendo tu cuerpo llena de fuerza vital y si creen que es una exageración lo que comentamos, necesitan hacer la prueba y si a la primer bocanada de aire serrano que inhalen no sienten nada, regresen inmediatamente a la ciudad e intérnese lo más rápido posible, en una sala de cuidados intensivos pues puede algo estar muy mal.

Ciertamente que el camino Durango Mazatlan el No. 40 está lleno de curvas y de ninguna manera quieres transitarlo a altas velocidades, sino que es un camino de esos en los que tienes que tomar tu tiempo en llegar, inicias a temprana hora de la mañana y no piensas mucho a que horas vas a llegar, en el Salto, se puede decir centro comercial de la Sierra, te puedes parar a tomar un descanso y algo de comer en el restaurante del hotel Real del Bosque, inconfundible ya que tienen una máquina de vapor antigua enfrente del mismo, y ahí te recomendamos uno de los platillos tradicionales de la sierra que es el Bistek Ranchero con unas tortillas de maíz recien hechas y si no vas manejando una cerveza bien fría, si eres el chofer pues que pena, porque el chiste de todo esto es precisamente la combinación de los sabores exquisitos que estos componentes logran. No te lo pierdas.

Ahora que si al pasar por El Salto (mi terruño) todavía no tienes hambre, te puedes esperar hasta llegar a la “Ciudad” (pequeño pueblito km. 145) donde además del Bistek puedes encontrar unas deliciosas gorditas rellenas de unos guisos que en verdad valen la pena probar, de chicharrón verde para los que comen carne de puerco, de nopalitos con huevo, de carne deshebrada o picadillo rojo o verde, de machaca y otros sabores en verdad exóticos.

Uno de los puntos claves del viaje es el Espinazo del Diablo (km. 168) con unas de las mejores vistas de México y ya después del (km. 200) pasas por el Palmito y donde está la Reserva de la Chara Pinta, un pájaro endémico de la sierra en peligro de extinción, y un tanto después inicias con el descenso donde puedes admirar paisajes y especialmente atardeceres increíbles pasando por sitios llenos de historia como Cópala, Concordia y finalmente Mazatlán honrosamente llamada Perla del Pacífico por la belleza de sus playas. Por ahí nos vemos.

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Posteado por: pantera | Septiembre 8, 2009

PUENTECILLAS PUEBLO NUEVO.

PUENTECILLAS PUEBLO NUEVO.
Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Establecido desde 1962, el ejido “El Brillante” después de librar una época difícil de gastos descontrolados y por consiguiente un adeudamiento excesivo durante la década de los 80´s, surge nuevamente como el Ave Fénix y bajo la dirección de una administración efectiva con planeamiento integral, inicia una era de desarrollo y beneficios para sus agremiados pero más interesantemente para con la naturaleza en la cual coexisten de una forma más sustentable.

Bajo esta nueva forma de ver las cosas en julio de 2004, después de una evaluación minuciosa, obtienen su certificado de buen manejo forestal del Forest Stweradship Council, una entidad global de certificación y toman varias medidas para proteger su patrimonio, ahora el bosque.

La primera, misma que se concertó en los últimos años, es la protección de una área denominada Santa Bárbara, convirtiéndola en área natural protegida estatal de unas 30 hectáreas, una pequeña cuenca del arroyo “El Infierno” con un microclima propio donde se tiene poblaciones de Píceas Mexicana y Chihuahuense consideradas en peligro de extinción por la NOM 059-ECOL-1994, además de juníperos, pinos y encinos de varias clases, este diminuto lunar dentro del bosque de la Sierra Madre Occidental por sus características especiales de humedad tiene un crecimiento anormal de musgos, hongos y líquenes que a su vez propician una gran cantidad de insectos para las aves, las cuales son más de 200 especies.

No es raro encontrarte con el Trogón Mexicano (Koa), Carpinteros Belloteros, Chipes como el ocotero, el rojo que es endémico de la sierra, las Charras Stelleris o Chivos, alguna Aguililla Cola Roja circulando lentamente siguiendo una corriente ascendente, Chuparosas de Oreja Blanca o la Magnífica y en ocasiones hasta la Guacamaya Verde, llegas a ver cuando suben de la Quebrada a comerse las piñas verdes de los pinos en verano.

Esta área además de ser prolífica en especies, es un remanso de verdadera paz y sentarte en un viejo tocón o piedra a escuchar los sonidos del bosque puede ser una experiencia conmovedora e inolvidable.
Pero mejor, dejemos para otra ocasión la visita a Santa Bárbara y esta vez nos vamos a concentrar en las Cabañas Ecoturísticas de Puentecillas, uno de los lugares más impresionantes de la Sierra Madre en Durango, dentro de la propiedad comunal del Brillante.

Puentecillas, la segunda acción de protección del bosque y diversificación de actividades redituables del mismo, está situado al sur oeste, siguiendo hasta el kilómetro 22 de la carretera de El Salto a Pueblo Nuevo, antigua cabecera municipal y por cierto una encantadora comunidad.

Para llegar, primero tenemos obviamente que pasar por El Salto, pequeña ciudad literalmente de madera, pues más del 80% de sus casas, por decir algo, están construídas con el material que más abunda en la región “la madera de pino y encino”, pues la actividad preponderante es el aprovechamiento forestal, que no necesariamente es la explotación del bosque, pues aun cuando sea a paso lento, las técnicas forestales se han ido mejorando y lo ilegal se va saliendo del plano del común denominador.

Ya desde Durango al subir por la carretera rumbo a la sierra, a sólo pocos kilómetros de la ciudad, empieza uno a disfrutar del paisaje, pero el tramo de camino de El Salto hacia Puentecillas, bien se pudiera situar en algún país europeo, como Suiza o Austria por sus verdes intensos de todos los tonos imaginables de este color que al parecer la naturaleza nos obsequió como un disparador de tranquilidad, ya que en cuanto vemos verdecito nos cambia hasta el humor.

Como ya dijimos, en el kilómetro 22 se encuentra la salida en una curva un tanto delicada y aun cuando hay varios topes de ambos lados de la misma, es mejor ejercer algo de precaución y fijarse muy bien al salir y entrar a la carretera. En cuanto te sales del asfalto, abres la ventana del vehículo y empiezas a sentir el aire fresco de montaña, es increíble como se te agudizan todos los sentidos y al llenarte los pulmones de este “aire”, es también como si abrieras bien grandes los ojos y los oídos te crecieran, ya que todo se ve más bonito y se empiezan a oír una serie de ruidos nuevos que te emocionan y quieres literalmente gritar de felicidad, cosa que recomendamos hacer, pues es malo quedarse con las ganas de algo tan espontáneo como un buen grito ranchero.

El camino de terracería mantenido perfectamente para que pueda entrar un vehículo cualquiera, ahora si que ondula por el bosque sacándole la vuelta a los árboles, sube y baja un tanto, hasta que a un lado del mismo, empezamos a ver el espejo de agua del famoso lago de Puentecillas. Sus formaciones rocosas en medio del mismo y en la orilla de enfrente, las pintorescas cabañas dentro del bosque.

Lo primero es lo primero y aquí esto significa que tienes que registrarte con Don Melquíades, el señor te indica cual es la cabaña donde te vas a hospedar o cuanto es la cuota por sólo visitar el paraje, ya que se trata de que deje un beneficio, el tener el mismo disponible por parte del ejido al público y gustoso paga uno por la oportunidad de poder visitar este lugar.

El lago sencillamente es fabuloso, temprano por la mañana se llena de neblina que junto con el sol, poco a poco van subiendo, creando unas escenas muy pintorescas y algo para lo cual se tiene uno que levantar temprano (con cruda y todo).

Las cabañas que tienen todas las comodidades de una casa normal, incluyendo una chimenea y excelente estufa donde te puedes hacer un cafecito y salir bien abrigado a ver el amanecer sobre la laguna.

Ahora que si de plano no te puedes levantar temprano, además de disfrutar de la súper vista todo el día, no te puedes perder el atardecer y aquí una caminadita por la orilla del lago para disfrutar de las explosiones naranjas que el sol va orquestando al meterse en el horizonte, allá muy lejos por el Océano Pacífico, que de hecho no está tan lejos y que a nosotros nos lleva a otro sitio del lugar, es muy recomendable.

Siguiendo un caminito hacia donde se mete el sol, a menos de un kilómetro de distancia o unos 15 minutos de caminata, no encontramos con uno de los divisaderos más espectaculares de la sierra y créanme que hay muchos, pero el divisadero de Puentecillas es magnánimo. Vamos a decir que estamos parados como a 2,700 metros sobre el nivel del mar más o menos y el piso inmediato de nuestra vista está a unos mil metros abajo donde puede uno divisar pueblitos como Chavarria Viejo y Nuevo (pues hay dos) y en días especiales casi puede uno decir que se alcanza a ver el océano mismo a 200 km. de distancia. Aquí te puedes quedar mirando el paisaje pintado por Dios mismo, por horas y horas, si no fuera porque hay tantas cosas que hacer.
Las actividades son cuantiosas y solo tu imaginación es el límite de como te puedes divertir; caminando, pedaleando en tu bicicleta de montaña por las veredas del bosque o sólo observando la naturaleza, dejando que tu mente corra con el viento gozando de un gran día en uno de los sitios sublimes de la Sierra Madre Occidental, el paraje de Puentecillas. Por ahí nos vemos.

Para más información y reservaciones comunicarse al teléfono: (675) 876-00-49.

http://www.durangoturistico.com/destinos/72puentecillas.html

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